Por primera vez en décadas la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) hoy definirá su nueva jefatura entre dos candidatos.
El actual secretario general, Antonio Caló, pondrá en juego su continuidad frente al líder de la seccional Campana, Abel Furlán, en una disputa sorpresiva que rompe con tradiciones históricas en el principal gremio industrial de la Argentina y que tiene trasfondo político: mientras la actual conducción está alineada con Alberto Fernández la oposición cuenta con el visto bueno y el impulso del kirchnerismo. Hasta anoche Furlán tenía resuelto presentarse y aseguraba contar con el respaldo de algunas de las seccionales más importantes del sindicato (la elección del secretario general de la UOM se desarrolla mediante una suerte de colegio electoral integrado por delegados de cada filial), y sólo dejaba abierta la posibilidad de acordar una lista única en caso de que Caló resignara su candidatura y la Capital Federal (su distrito de pertenencia) aceptara correrse de la jefatura. Históricamente el gremio tuvo a la cabeza de su consejo directivo nacional al secretario general de la seccional porteña y como adjunto, al de Avellaneda. Las diferencias políticas entre Caló y Furlán son el mayor punto de discordia. Al actual secretario general le achacan haber empujado al gremio a respaldar en 2017 a Florencio Randazzo (el gremio fue su comando electoral) cuando el jefe de aquella campaña fue Alberto Fernández. Lo hizo incluso a pesar de que ese mismo año, una votación informal en las seccionales de la UOM había dado un favoritismo muy mayoritario hacia el kirchnerismo. Furlán, en cambio, fue un activo participante de la vida interna del Frente para la Victoria, primero, y del actual Frente de Todos desde las líneas más kirchneristas.