Intestino y estrés: cinco respuestas para una relación compleja Destacado

  • 15 Febrero, 2018
  • Publicado en Vida y Ocio
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Considerado nuestro segundo cerebro, tiene un profundo vínculo con las emociones.

 

 

Los nervios, el estrés y hasta el cosquilleo al estar frente a la persona que nos gusta: todo pasa -por decirlo de alguna manera- por la panza. Es que la relación entre el cerebro, las emociones y el aparato digestivo es intensa. A tal punto que muchos científicos se refieren al intestino como "segundo cerebro" o "cerebro intestinal", ya que el tubo digestivo contiene una red de neuronas compleja con una función neuronal muy parecida a la actividad de la cabeza.

"El intestino trabaja en conexión con el cerebro en forma bidireccional. Por eso muchas alteraciones emocionales repercuten a nivel intestinal. Y algunas investigaciones sugieren que la comunicación del intestino hacia el cerebro es incluso mucho más intensa. Un ejemplo de esto son los síntomas de colon irritable, que a la persona le generan intensa preocupación y conductas disfuncionales", explica Marcos Asade, psiquiatra del Hospital de Gastroenterología Dr. Bonorino Udaondo y Director del Centro de Gastropsiquiatría (CEGAPSI), que despejó otras dudas frecuentes sobre este complejo vínculo.

- Las cosquillas en la panza frente a un nuevo amor, perder el hambre ante una situación de angustia o una descompostura previa a un examen o una entrevista de trabajo ¿por qué nuestro sistema digestivo reacciona así ante las emociones?

Para sorpresa de muchos, el tubo digestivo contiene más de 100 millones de neuronas distribuidas en el sistema nervioso entérico, que secretan las mismas sustancias que las que se encuentran en nuestro sistema nervioso central. Existen vías nerviosas que conectan específicamente las áreas cerebrales relacionadas con nuestras emociones y pensamientos, con las neuronas del intestino mediante el sistema inmune, el sistema endócrino y las vías nerviosas. Es más, en los últimos años se ha descubierto que las bacterias que normalmente habitan nuestro intestino pueden tener influencia sobre nuestro cerebro y, por ende, sobre nuestro estado de ánimo. Cuando la función en esta conexión se ve perturbada, podemos presentar síntomas gastrointestinales e, incluso, emocionales. Es como si fuese una autopista de doble circulación que está compuesta por distintos carriles en los cuales circulan varios tipos de automóviles. Es por eso que muchas emociones, tanto buenas como negativas,se pueden transformar en claros síntomas en la región abdominal y viceversa.

- Si el estrés es la enfermedad de este siglo, ¿qué papel juega en el colon irritable y las enfermedades gastrointestinales?

El estrés –que es la respuesta causada frente a un estímulo- nos sirve ya que nos ayuda a enfocarnos en la situación amenazante para poder resolverla. Pero cuando éste se vuelve sostenido y empieza a ser mucho más frecuente, impacta sobre todo nuestro ser y también en el intestino. Algunas enfermedades gastrointestinales funcionales -en las que no hay una causa orgánica que justifique los síntomas- están relacionadas con el estrés. Un claro ejemplo es el síndrome de intestino irritable. Las personas que presentan colon irritable frecuentemente han padecido situaciones de estrés intenso, actual o en el pasado. Además, más de la mitad de éstas tienen asociados cuadros de ansiedad o depresión.

¿El intestino controla más al cerebro o viceversa?

El intestino registra emociones: como si fuese un pequeño cerebro,contiene una red neuronal muy compleja,que se comporta como un "órgano sensorial". El cerebro interpretará la información que le envía el intestino de acuerdo a nuestro estado de ánimo y a nuestro entorno. Por ejemplo, una persona con intestino irritablepuede presentar una ansiedad anticipatoria, es decir, se anticipará a una situación potencialmente amenazante para ella, como podría ser un evento social en el que tenga que comer y anticipe que tendrá movimientos intestinales o urgencia para ir al baño. El solo hecho de pensar esto, incluso horas antes, le activará las mismas áreas cerebrales de alerta que se activan en una crisis de pánico. Esto comprueba la interrelación que tiene el intestino irritable y algunas otras enfermedades intestinales funcionales (como la dispepsia) con algunos trastornos psiquiátricos, específicamente, con los trastornos de ansiedad.

- ¿De qué manera impacta el estrés en el intestino?

Los altos niveles de cortisol que aparecen en situaciones de estrés crónico afectan a la barrera mucosa e impermeable del intestino, ingresando sustancias nocivas para el organismo como, las bacterias y productos de la inflamación. Una vez que están en la circulación pueden viajar hacia el cerebro impactando en las áreas relacionadas con las emociones. Actualmente se está estudiando la flora bacteriana intestinal, que son los microorganismos vivos que tenemos en el intestino. Nuestro organismo tiene aproximadamente dos kilos de bacterias, siendo el intestino el órgano que alberga la mayor cantidad. Las bacterias evolucionaron con nosotros e, incluso, hay más bacterias que células en nuestro organismo. En las situaciones de estrés, se puede alterar esa flora bacteriana normal favoreciendo alteraciones del ánimo.

-¿Cómo hay que actuar frente a síntomas gastrointestinales?

Antes que nada se debe consultar con un gastroenterólogo para tener un diagnóstico oportuno. Es importante saber que los síntomas pueden exacerbarse ante situaciones de estrés. Por eso lo mejor es buscar un mayor estado de calma, que puede darse practicando técnicas de relajación, yoga, tai chi, etc. También es fundamental descansar bien. Está comprobado que el dormir mal exacerba los síntomas de algunas enfermedades gastrointestinales funcionales. No hay que olvidar tampoco que una alimentación equilibrada es fundamental para estar bien emocionalmente.Lo que comas puede estar relacionado con tu ánimo.

Generalmente quien consulta por síntomas gastrointestinales hace alusión a situaciones de intenso estrés y ansiedad. Por eso es fundamental poder abordar al paciente de forma integral, desde la gastroenterología, la psiquiatría y la nutrición.

 

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